Hoy en día, cuando nos encerramos por el mal clima, ponemos Netflix o jugamos videojuegos. Pero en el verano de 1816, un grupo de jóvenes poetas y rebeldes ingleses se vio atrapado por la peor tormenta de sus vidas en una mansión frente al lago de Ginebra, Suiza. No tenían pantallas, pero tenían una imaginación desbordante, mucho opio, vino y una obsesión compartida por lo macabro.

   Aquella mansión se llamaba Villa Diodati, y lo que ocurrió entre sus paredes durante esos días de encierro cambió la historia del terror para siempre.

   Para entender la atmósfera, hay que saber que 1816 fue bautizado históricamente como "el año sin verano". Meses antes, el volcán Tambora en Indonesia había hecho una erupción tan brutal que lanzó una capa de ceniza colosal a la atmósfera, bloqueando el sol en todo el planeta.

   En Europa, el cielo se volvió gris y plomizo. El mes de junio trajo tormentas eléctricas implacables, ráfagas de viento congelante y una oscuridad casi perpetua.

   En ese escenario apocalíptico, se reunió una de las pandillas literarias más intensas de la historia: el famoso y escandaloso poeta Lord Byron, su médico personal John Polidori, el poeta Percy B. Shelley, su joven amante de 18 años Mary Godwin (quien pronto sería Mary Shelley) y la hermanastra de esta, Claire Clairmont.

El reto que lo inició todo

Pasaron los días encerrados a la luz de las velas. Para matar el aburrimiento, leían en voz alta historias alemanas de fantasmas. Una noche, inspirador y desafiante, Lord Byron lanzó una propuesta que se convertiría en leyenda:

"Cada uno de nosotros escribirá una historia de fantasmas".

   Los hombres del grupo empezaron a escribir de inmediato, pero a Mary la bloqueó la presión. Durante varias noches, los demás le preguntaban cada mañana: "¿Ya pensaste en una historia, Mary?", y ella tenía que responder con un frustrante "No".

   La chispa llegó tras una larga conversación nocturna entre Byron y Percy Shelley sobre el galvanismo (los experimentos de la época para reanimar músculos muertos con electricidad). Cuando Mary finalmente se fue a dormir, sufrió una terrible parálisis del sueño. En esa pesadilla vio la imagen clara: un pálido estudiante de artes impías de rodillas junto a la cosa que había armado, viendo cómo el espantoso fantasma de un hombre, debido al motor de una poderosa maquinaria, mostraba signos de vida.

   Al día siguiente, Mary se sentó a escribir lo que originalmente sería un cuento corto. Al ver el potencial, su esposo Percy la impulsó a expandirlo hasta convertirlo en una novela completa: Frankenstein o el moderno Prometeo.

Un milagro doble para el terror

Lo más increíble de Villa Diodati es que el reto de Byron no solo parió a la criatura de Mary Shelley. Esa misma noche, el doctor John Polidori tomó un fragmento que Byron había dejado a medias y redactó un relato llamado El Vampiro.

   Antes de esa noche, los vampiros en el folclore eran monstruos rústicos, cadáveres apestosos que atacaban granjas. Polidori transformó al monstruo en un aristócrata seductor, elegante y cínico (basándose en el propio Lord Byron). Décadas más tarde, Bram Stoker usaría exactamente ese mismo molde para escribir Drácula.

   Sin televisión, sin internet y huyendo de un clima hostil, un grupo de veinteañeros encerrados en una villa suiza inventó los dos pilares más grandes de la cultura pop y el terror gótico moderno en una sola semana. Nada mal para un día de lluvia.