El panorama de la animación en México está viviendo una auténtica época de oro, y no precisamente impulsada por pixeles o algoritmos de computadora, sino por la paciencia, el detalle y la magia táctil del stop-motion. Tras el enorme hito que significó el impulso de figuras como Guillermo del Toro y el talento del taller del Chucho en Guadalajara, una producción mexicana ha llegado para consolidar esta revolución con identidad propia: el largometraje cinematográfico de Soy Frankelda (2025).

   Dirigida por los talentosos hermanos Arturo y Roy Ambriz (fundadores del estudio Cinema Fantasma), esta obra no solo expande el fascinante universo que conocimos en la serie original de HBO Max, sino que se posiciona como un golpe de autoridad en la industria cinematográfica internacional.

   En una era donde el cine comercial abusa de los efectos digitales, el trabajo de los hermanos Ambriz es un bálsamo de frescura y melancolía. Cada fotograma de Soy Frankelda es una coreografía minuciosa donde los animadores mueven marionetas milímetro a milímetro, capturando una textura orgánica y una expresividad que el CGI simplemente no puede replicar.

   La película nos sumerge más a fondo en la historia de la elocuente escritora fantasma y su misterioso libro parlante, combinando de manera magistral el folclor mexicano con el terror gótico clásico. Los Ambriz entienden a la perfección que el horror para audiencias jóvenes no debe ser edulcorado; al contrario, utilizan los monstruos como poderosas metáforas de los miedos, la soledad y los procesos creativos de la infancia y la adolescencia.

Identidad local con impacto global

Lo que hace verdaderamente monumental a esta producción es su capacidad para competir al tú por tú con gigantes de la animación cuadro por cuadro como los estudios Laika (Coraline) o Aardman (Pollitos en fuga), pero sin perder un ápice de su esencia mexicana. El diseño de producción, la paleta de colores y el diseño de las criaturas respiran una identidad artística que solo pudo haber nacido en nuestro país, pero cuyos temas de superación y aceptación resuenan en cualquier rincón del planeta.

Veredicto Editorial: Soy Frankelda es el testimonio vivo de que en México el cine de género y la animación no son un nicho secundario, sino una punta de lanza. Los hermanos Ambriz han demostrado que con madera, tela, silicón y una visión inquebrantable, el talento nacional es capaz de moldear sus propias pesadillas y convertirlas en obras de arte universales. La revolución del stop-motion mexicano ya comenzó, y es imposible apartar la mirada.