Detrás del mito de Frankenstein no hay un laboratorio de cine, sino el alma rota de una adolescente de 18 años. Mary Shelley no creó a su criatura por simple fantasía; la parió desde el abismo de una vida marcada por la traición, muertes familiares devastadoras y un romance tan apasionado como maldito.
Hija de la filósofa feminista Mary Wollstonecraft —quien murió pocos días después de traerla al mundo— y del pensador William Godwin, Mary creció bajo la sombra de una genialidad exigente y la frialdad de una madrastra que la despreciaba. Su verdadero refugio era la tumba de su madre; allí aprendió a leer repasando las letras de la lápida y allí mismo, años más tarde, entregaría su virginidad al poeta Percy Bysshe Shelley, un hombre casado con quien escaparía a los 16 años, desafiando todas las normas sociales de la Inglaterra del siglo XIX.
El idilio, sin embargo, estuvo salpicado de tragedia desde el primer día. La pareja vivió en un constante exilio financiero y emocional. Apenas un año después de su fuga, Mary dio a luz a una bebé prematura que murió a los pocos días. En su diario, la joven escribió una frase desgarradora que contiene el verdadero germen de su obra maestra: "Soñé que mi pequeña bebé volvía a la vida; que solo había estado fría y que la frotábamos junto al fuego y vivía". La obsesión con vencer a la muerte y reanimar la carne fría no era un experimento científico; era el grito de una madre desesperada.

El verano que cambió la literatura

En el famoso verano de 1816, Mary, Percy y su hermanastra Claire se reunieron con Lord Byron en Villa Diodati, a orillas del Lago de Ginebra. El clima exterior reflejaba el tormento interior de Mary: las erupciones volcánicas en Indonesia habían provocado el "año sin verano", sepultando a Europa bajo cielos negros y tormentas eléctricas perpetuas.
Para entretenerse durante el encierro, Byron propuso un reto: cada uno escribiría una historia de fantasmas. Mientras los hombres se enredaban en discursos poéticos, Mary alimentó su historia con las muertes de sus hijos, las teorías científicas de la época sobre el galvanismo (reanimar músculos mediante descargas eléctricas) y el abandono que ella misma sentía por parte de su padre.
Cuando Frankenstein o el moderno Prometeo se publicó de forma anónima en 1818, el público asumió que había sido escrita por su esposo. La sociedad no podía concebir que una mente femenina tan joven albergara tanta oscuridad y horror filosófico.
Mary Shelley sobrevivió a casi todos sus seres queridos. Vio morir a tres de sus cuatro hijos y extrajo el corazón de Percy de sus cenizas tras morir ahogado en un naufragio, guardándolo en su escritorio el resto de su vida. Su criatura sobrevivió a los siglos, pero nació de una verdad absoluta que Mary descubrió a muy temprana edad: los verdaderos monstruos no se esconden en los castillos, sino en el abandono y en el dolor de los que nos dan la vida.